Cuando Rodrigo abrió los ojos, se demoró en acostumbrar la vista frente a la claridad del dormitorio en el que se encontraba. Parpadeó muchas veces, mientras sus pupilas se dilataban para regular mejor la entrada de la luz.
Cuando lo hacía, su sorprendido gemelo comenzaba a esbozar una gran sonrisa, mientras parpadeaba de igual forma, al notar lo que estaba ocurriendo.
Como resultaría lógico en casos así, lo primero que hizo Nicolás fue llamar a un médico, quien le pidió que saliera para verificar el estado de su hermano.
Afuera, Nicolás tomó el teléfono y llamó a Diego para darle la buena noticia.
Adentro, Rodrigo contestó varias preguntas que el doctor le formuló.
Sabía su nombre. Sabía su edad. Sabía quiénes eran sus familiares. Sabía dónde vivía. Sabía incluso que algo muy malo le había pasado.
En realidad, esto último lo dedujo al verse tendido en una cama, en la sala de una clínica y con un hermano con cara de alegría al verlo despertar.
Media hora después, ambos ya entablaban una conversación.
-¿Cinco meses? Es mucho tiempo.
-Bueno, cuatro y medio. Pero sí, es mucho. Estábamos preocupados. No sabíamos qué iba a pasar.
-¿Y dónde están todos?
-El papá en el trabajo. Ya le avisé. Y la mamá fue con Andrea a su terapia.
Rodrigo frunció el ceño un momento.
-¿Pasa algo?
-Me duele un poco la cabeza.
-Es obvio. Vienes recién despertando y te tienes que acostumbrar.
Nicolás se acercó a arreglar la almohada de Rodrigo.
-Tienes suerte de contar lo que te pasó.
Rodrigo miró fijamente a su hermano y titubeó un poco antes de hablar.
-La gente dice que antes de morir uno ve toda la vida pasar ante nuestros ojos. ¿Sabes? Yo no recuerdo que fuera así. Sólo siento que en algún momento todo se apagó y creo que en el fondo algo se quedó de esa manera.
-¿Y quieres saber qué fue?
-La curiosidad me dice que sí.
-¿Entonces?
Rodrigo se giró en la cama y quedó tendido de costado mirando hacia la puerta.
-Ya me conoces... yo no soy curioso.
En ese momento, la puerta se abrió y apareció Diego, llevando una sonrisa que casi, literalmente, iba de oreja a oreja. Rodrigo se incorporó al verlo.
-Ho... hola. ¿Cómo estás?- Diego, nervioso, saludó desde la puerta.
-Hola. Bien, gracias.- Rodrigo, sonriendo, le contestó.
Diego comenzó a acercarse a la cama para conversar mejor.
-Andrea no está...
El joven se detuvo de improviso. La sonrisa se esfumó de su cara.
-No sé si irá a venir. Si quieres la esperas. Y gracias por pasar a saludar.
Rodrigo se dio la vuelta y comenzó a dormir.
Continuará...
Capítulo 21: Saludo
lunes, abril 18, 2011 |
Etiquetas:
Volumen 02: Karma
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