-¡Diego! ¡Diego, para!
Haciendo caso omiso al llamado de Nicolás, Diego corría y corría por la avenida principal de la ciudad en dirección al mar. Lo hacía sin detenerse. La respiración no le daba más, sentía una fuerte puntada en su costado izquierdo.
Cuando Rodrigo se durmió, Diego no supo qué hacer. Se retiró de la habitación y se sentó, atónito, en el sofá ubicado bajo el reloj del salón. Desde allí, vio pasar a los padres de Rodrigo y los vio entrar en su cuarto. Y cuando Nicolás salió, no hizo nada al notar que se acercaba y se ubicaba a su lado.
-El médico dice que el daño no es grave, pero que tardará en recuperarse.
-¿Daño?
-Una especie de amnesia temporal. Eso fue lo que entendí.
-¡Qué original!
-Bueno, son cosas que suelen suceder.
-¡En las películas, en las series, en los libros! ¿Pero en la vida real?
-También pasa...
El celular de Diego comenzó a sonar. Quería hacer caso omiso, pero al parecer era algo muy importante como para que la otra persona dejara de insistir.
-¡Qué!- Fue todo lo que dijo después del saludo.
Escuchó a su mamá unos minutos. Mientras lo hacía, y al igual que cuando estaba sentado, sus ojos volvían a llenarse de lágrimas que no salían.
-Quiero irme.
Diego huyó velozmente de la clínica. El hermano de Rodrigo fue tras él.
Diego corrió y corrió sin detenerse. Hasta que llegó a la orilla de la playa.
-¡Diego, cálmate! ¿Qué pasa?
A duras penas, entre todo su cansancio, le explicó que Felipe había sufrido un pre-infarto y que estaba hospitalizado. Su madre lo había llamado para decirle que estaba mejor y que debía guardar reposo.
-¿Te das cuenta? Todo me pasa a mí. Como si todo lo malo me tocara.
-No seas así, lo malo no te tocó a ti. Es Rodrigo el que está mal. Es tu papá el que está mal. Tú sólo estás triste.
-Pero...
-Pero nada. Todo pasa por algo y las cosas van a mejorar. Debes calmarte.
Diego no pudo evitar el recordar a Rodrigo diciendo esas palabras cuando Alejandro tuvo el accidente en la moto. Era la misma cara y la misma voz, las que repetían otra vez aquella frase.
Hablaron otro poco, mientras Nicolás intentaba que Diego se tranquilizara. Y asumiendo que estaba más calmado, lo dejó solo, como el joven le pidió, para poder descansar su mente.
Diego miró el mar, escuchó su sonido, y furioso, arrojó la rosa que llevaba de regalo para Rodrigo por haber despertado.
-¡Aaaaaaaaahhhhhhhhhhh!
Gritó con todas sus fuerzas y, ya exhausto, cayó de rodillas en la arena y comenzó a soltar las lágrimas que se habían negado a salir.
Aquel día, en forma inesperada y como si el tiempo quisiera burlarse de Diego, comenzó a llover. El muchacho no hizo nada. Sólo se quedó tirado de costado en la arena, abrazando el conejo de peluche que había comprado, mientras la lluvia lo mojaba y las frías gotas que caían se confundían con las tibias que se deslizaban tristemente por su rostro.
Continuará...
Capítulo 23: Regret
domingo, mayo 22, 2011 |
Etiquetas:
Volumen 02: Karma
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