Capítulo 24: Ricardo

Un sábado, Ricardo abrazaba a Diego, mientras éste le palmoteaba la espalda.

-¡Que te vaya bien!

-¡Gracias!

Ambos se miraron a los ojos un momento y sonrieron contentos.

Cuarenta y ocho horas antes...

-No sé lo que pasa con él.

Francisca y Diego conversaban sentados en una banca mientras Ricardo pasaba caminando seriamente, a metros de ellos. Terminaba el semestre y se aproximaban las vacaciones de invierno. Ambos sabían que pasarían unas semanas sin verse. Sin embargo, más se preocupaban del alejamiento que su amigo y compañero tuvo con ellos.

Había transcurrido un mes desde el despertar de Rodrigo y la vida de Diego volvía a su rutina habitual en la universidad.

-¿Quieres que hable con él?

Fran sólo se encogió de hombros.

-Es que es tan raro. Sorry. Extraño. You know what I mean.- Dijo ella.

-Do you think he is... like me?

Ella guiñó un ojo.

Al día siguiente, Ricardo caminaba tranquilamente por un pasillo de la universidad. Antes de que terminara su recorrido, vio aparecer de improviso a Diego al final del corredor. Miró a ambos lados y se dio cuenta de que no podría evitar encontrarse de frente con él. Y también que sería muy notorio si raudamente cambiaba de dirección y volvía por donde iba.

-Hola.- Dijeron ambos al mismo tiempo cuando estuvieron cerca.

Antes de que Ricardo se escapara de allí, Diego pidió conversar. Realmente sentía que necesitaba saber qué estaba ocurriendo. Ricardo aceptó.

-¿Por eso?

-Sí.- Respondió Ricardo sonrojado.

-¡Pero fue sólo un beso! Deberías de preocuparte menos. Nadie iba a dejarte de lado por algo así. No seas tonto. Si no es algo tan importante como para alejarse. Si ni siquiera mi pololo... bueno, mi ex pololo, sabe.

-¿Pololo? ¿Entonces...?

-Sí, soy gay. ¿Hay algún problema con eso?- Preguntó con curiosidad.

-No. Ninguno.- Dijo, sonriendo.

Ricardo cambió su cara de inmediato. La expresión de incomodidad que tenía se desvaneció y comenzó a conversar como lo hiciera cuando se unió al grupo.

-¿Irás a tu casa ahora en las vacaciones?

-Sí. Hace mucho que no viajo y quiero ver a mi mamá.- Contestó Diego.

-¿Te puedo ir a dejar?

-¡Claro!

Al otro día, ambos se despidieron con un fuerte abrazo en el terminal de buses. Diego se subió, hizo señas a Ricardo por la ventana y, cuando ya llevaba diez minutos de recorrido, se dio cuenta de algo que no había hecho.

-¿Puedes hacerme un favor?- Preguntó por teléfono cuando el llamado que hizo fue contestado.

Un pequeño llamado que, nunca imaginó, desencadenaría algunos problemas.

Continuará...