Capítulo 28: Recuerdo

-Es tan frustrante no saber ni siquiera por qué pasó.- Rodrigo hablaba mientras ordenaba su habitación, como hacía casi todos los días, pues había tomado esa costumbre para ver si así lograba recordar un poco más.

-Pero si ya te dijimos, salías del bosque y no miraste al cruzar.

-Es curioso, yo sé que no soy así. Soy mucho más cuidadoso que tú, Nico.

-Bueno, esa tarde no lo fuiste. Después de todo, somos casi iguales, ¿no? Y tal parece que lo único en lo que no nos parecemos es que sigues siendo derecho mientras yo no dejaré de ser zurdo.

-Aún no entiendo cómo la gente no se da cuenta de esas diferencias.- Rodrigo comentó, mientras tomaba sus cuadernos del año anterior para guardarlos.

-Porque nadie se fija en los detalles. Si lo hicieran, no podríamos reemplazarnos cada vez que hacemos los trámites y papeleos del otro.

Rodrigo asintió.

-A propósito, ¿retomarás los estudios?- Preguntó Nicolás.

-Yo creo que sí. No está bien que pierda más tiempo pudiendo ir a clases. Lo bueno es que serán pocos ramos por no haber estudiado el semestre que pasó.

Cuando lo dijo, tomó el último de sus cuadernos y de él cayó una tarjeta. Era una de las tantas que recibió mientras estuvo en coma, con palabras de aliento para cuando despertara. Ésta, también lo saludaba por su cumpleaños.

-Sabes, antes solía estar triste por no recordar las fiestas que teníamos cuando éramos niños. Ahora lo es por haber estado acostado ese día.

-Al menos estabas despierto. Si hasta recibiste más regalos que yo. Y no. Esta vez, no me quedé con ninguno de los tuyos.

-Jajaja, te creo.

Rodrigo observó en un rincón varios peluches que le habían enviado junto a las varias tarjetas. Y le llamó la atención uno que alguien, sin nombre, le había dejado. Mirándolo, se quedó en blanco, sin hacer nada, durante casi un minuto.

-Rorro... ¿Rodrigo?... ¿Estás bien?- Nicolás preguntó mientras agitaba el hombro derecho de su hermano cuando notó que éste dejó de hablar.

Al sentirlo, Rodrigo lo miró y sin decir palabras se levantó para salir corriendo del cuarto. Su gemelo lo siguió por el pasillo que llevaba al patio de la casa y vio a Rodrigo de pie observando todo a su alrededor.

-¿Pasa algo?

-Yo... yo tenía un conejo, ¿cierto?

Nicolás no contestó. No sabía si decir la verdad y alegrarse porque su hermano seguía recuperándose. O mentir y seguir ocultando algunos eventos.

-Sí, tuviste uno. Se llamaba Gris. Me dijeron que lo trajiste del bosque. Pero el pobrecito se murió mientras estabas en la clínica.- Decidió hacer ambas.

-Oh. Qué pena. Parece que tendré que volver. Me gustaría ver si encuentro otro.- Le dijo mientras regresaban a la habitación.

-Es buena idea.- Comentó Nicolás, con una gran sonrisa por ver que su hermano estaba cada vez mejor.

-A propósito, ¿te conté que soñé con el bosque mientras estaba en coma?

Nicolás asintió.

-Bueno, soñé con alguien también. ¿Recuerdas a Pedro?

Su hermano cambió de inmediato su expresión y la sonrisa que llevaba se borró de su rostro.

-No, no me acuerdo.- Fue todo lo que dijo, antes de percatarse súbitamente de que tenía algo que hacer y dejar a Rodrigo solo con sus quehaceres.

Continuará...