-¿Y no hay ninguna posibilidad?
-Pero si ya quedó todo claro. A veces es mejor no insistir. Sabes que te considero mi amigo, pero en cosas del corazón no se manda.
Ricardo miraba con tristeza a Diego, mientras éste ordenaba su bolso para un viaje rápido, por el fin de semana, a casa. Era sábado, y podía observarlo ya que ambos habían decidido vivir juntos en el mismo dormitorio, en la pensión donde arrendaba Ricardo, luego de que Diego se quedara, un mes atrás, sin tener donde llegar para seguir estudiando.
-Si quieres, lo hablamos a la vuelta.
Ricardo necesitaba que Diego lo escuchara, aun cuando ya lo había hecho durante casi toda la noche pues, el día anterior, el tímido joven se había atrevido a hacer lo que no se creía capaz.
Al terminar la última clase del viernes, salió a almorzar con Francisca y de improviso, sobretodo para ella, le pidió auxilio con algo que quería hacer.
-Fran... ¿me puedes ayudar en algo? Quería saber... o sea... mira, quisiera invitar a salir a alguien que me gusta hace mucho y no sé cómo hacerlo.
Francisca lo quedó mirando. No imaginaba que Ricardo le pidiera consejo.
-De hecho... nunca... nunca antes he invitado a alguien...
-¿Nunca antes?
-N-no. ¡Pero no te rías! Por eso quiero saber qué hago.
Fran sonrió por dentro. A su mente acudieron todas las citas ideales que había visto en sus series románticas favoritas y se apresuró en dar apoyo a su amigo para que las cosas salieran bien cuando Ricardo le pidiera una a Diego.
Bueno, primero decide a dónde quieres ir. Planea todo y luego...
-Luego...
-Sé directo. Dile que quieres salir y no te andes con rodeos. A nadie le gusta la gente que titubea tanto. Y dilo así de fácil, "¿quieres salir conmigo?".
-Directo...
Ella lo miró tiernamente al notar como él casi anotaba todo en su cabeza.
-Después, yo creo que tendrías que...
-Fran...
-¿Sí?
-¿Quieres salir conmigo?
Francisca se quedó helada. La pregunta le cayó como balde de agua fría y no atinó a hacer nada, ni responder algo, durante medio segundo.
-What!? Pe... pe-pero tú... o sea tú... ¿no eres gay?
-No...- Contestó Ricardo.
-Pero yo... entonces tú y Diego... ay... ¡¿yo?!
-Sí, tú. Es que no hallaba cómo invitarte y por eso preferí preguntarte. Así que yo... espera... ¡¿qué yo qué?!
Ese sábado en la mañana, Ricardo le pedía a Diego que intercediera por él frente a su amiga, mientras que Diego reía al imaginarse la situación incómoda que sus dos compañeros vivieron el día anterior. Erróneamente, habían pensado que Ricardo era gay.
Ese sábado en la tarde, Francisca pensaba, a solas en su habitación, lo raro que había sido todo y cómo ahora había ofrecido una amistad cuando en realidad alguien quería algo más que eso. Se preguntaba si no sería un juego cósmico por haberse fijado en Diego y no ser correspondida.
Ese sábado en la noche, Diego no estaba bien. El largo trayecto, sumado a que casi no había dormido la noche anterior por quedarse hablando con Ricardo, hizo que no se sintiera del todo compuesto cuando llegó a casa. Menos cuando el recibimiento por parte de Felipe no fue para nada acogedor.
-¿Otra vez tú acá?
-Es el cumpleaños de mi mamá, tengo derecho de venir a saludarla.
-Tú ya no tienes derechos en esta casa.
-Felipe, déjalo tranquilo.
-No mamá, no te preocupes. Si ya estoy bien acostumbrado a este tipo de bienvenidas.- Contestó Diego, más serio de lo normal.
-Pues si no te gusta, no vengas.- Le espetó su papá.
-Vendré cuantas veces quiera. Si Leo puede quedarse a vivir acá, y más encima sin hacer nada, yo también puedo venir.
-No es lo mismo. El vino a vivir por necesidad. En cambio tú... tú sólo vienes de visita porque decidiste quedarte allá con tus asquerosas desviaciones.
-¿Necesidad? ¿Me hablas a mí de necesidad?- Diego no aguantó más, pues su ánimo estaba descompuesto y la conversación había tomado el volumen habitual.
Leonardo entraba en ese momento en la habitación al escuchar las fuertes voces de sus familiares, discutiendo como de costumbre.
-¡Míralo! Tan alegre que viene. ¿Sabías acaso que ustedes van a ser abuelos? ¡Sí! No pongas esa cara. Leo va a ser papá y decidió venirse y dejar a su polola, o lo que fuera, allá. Ahí tienes necesidad. ¡Ese bebé sí que pasará necesidad porque no tendrá un padre!
Todos voltearon a mirar a Leonardo, quien no sabía si saltar sobre su hermano para golpearlo o comenzar a dar explicaciones. Sin embargo, no hizo ninguna de las dos al ver a Felipe acercarse y comenzar a abrazarlo para felicitarlo.
Diego observó la escena con rabia. Sus ojos estaban llenos de impotencia al ver que nada cambiaba. Y ya que Nicolás le había contado todo, pues ambos se habían vuelto muy cercanos, decidió hablar.
-¿Y lo felicitas? Anda, abrázalo entonces otra vez. Felicítalo por perder su trabajo y venir a vivir acá con ustedes como la lacra que es. Supongo que les dijo por qué lo despidieron, ¿cierto?- Las lágrimas comenzaban a salir.
-¡No te atrevas!- Le gritó Leonardo.
-¿Qué no? ¡Qué no! Ya me cansé de ser humillado cada vez que vengo a casa. ¿Desviado? ¿Desviado yo? ¡Pregúntale a tu favorito por qué lo despidieron!
Felipe se quedó mirando seriamente a Diego. Como nunca antes, esperaba que continuara hablando y saber qué quería decir.
-Vamos Leo, dile. Dile que te despidieron por no ir a trabajar luego de haber estado revolcándote un fin de semana con el pololo de mi ex cuñado. Y que faltaste para que no vieran cómo Nicolás te dejó después de pelearte con él.
Felipe se acercó y le dio una cachetada a Diego. Éste no se movió de su sitio.
-El ladrón piensa que todos son de su misma calaña.
-No papá. Hay calañas peores. Y Leonardo es una de ésas.
Leo no aguantó más y se lanzó contra Diego. Ambos comenzaron a trenzarse a golpes en el suelo, mientras peleaban en el centro del living y Bárbara trataba de separarlos.
A un lado, Felipe sólo los miraba. Impávido, los observaba mientras trataba de imaginar por qué Leo había reaccionado de esa forma.
-¡Ayúdame Felipe! ¡Sepáralos!- Gritaba la mamá de ambos.
Pero Felipe no se movió. Sólo observó a sus hijos antes de decir dos palabras.
-Leo... no...
Y desplomarse.
A esa hora, Nicolás intentaba ponerse su perfume favorito mientras evitaba a Rodrigo, quien insistía en querer saber por qué no podían salir juntos.
-Porque no. Aún no estás bien para que salgas a bailar.
-Vamos, ayúdame a salir. No quiero quedarme encerrado hoy. Si ya me siento mejor.- Le suplicó su hermano.
-¡Que no! Mira, tengo una cita, ¿ok? Por eso no puedes ir conmigo.
Esto último era mentira. Nicolás sólo quería distraerse e iría a una disco gay para beber un momento y quizás bailar. Por el pacto con sus padres, no podía decirle a su hermano a dónde iba ni por qué éste no lo podía acompañar.
Y aprovechando que Rodrigo se distrajo cuando sonó el teléfono de la casa, Nicolás cerró la puerta, sacó el auto y salió de allí.
-¿Aló?- Rorro contestó el llamado.
-Buenas noches. ¿Me podés decir si Isabel se encuentra?- Preguntó una voz masculina que, ayudada por el acento, no le sonó conocida.
-Mi mamá no está en casa, pero debe estar por llegar en una hora más. Si quiere le digo que llame de vuelta.
-¿Tu mamá? Entonces vos debés ser... ¿Nicolás?
-No, soy Rodrigo.
-¡Rodrigo! Qué gusto escucharte. Vos hablás con tu...
El llamado de improviso se cortó. Y Rodrigo se quedó un momento esperando que marcaran de nuevo. Pero no lo volvieron a hacer.
Del otro lado de la línea, una mujer tenía puesto su dedo índice en el botón para colgar del teléfono. Miraba seriamente a quien parecía ser su hijo.
-Te dije que no llamaras.
-Pero yo sólo quería...
-Tú, nada. Será cuándo yo diga.
El joven colgó el auricular y, sin decir más palabras, se fue a su habitación.
Dos horas después, Nicolás pensaba que quizás lo mejor era no haber salido.
-Vodka... sí, naranja... con granadina.- Pedía ya su tercer trago, pues vio en la pista, minutos antes, a Fernando, besándose con su nuevo pololo.
De improviso, notó que la pareja se separaba y mientras uno iba al baño, el otro se dirigía a la barra. Ese otro era su ex, quien vio a Nicolás desde lejos y se acercaba a conversar.
Nicolás no podía escapar pues su trago aún no estaba preparado. Así que trató de fingir que no lo había visto. Pero fue muy tarde. Feña le tomó el hombro.
-¡No me toques!
-Pero Nicolás... yo sólo... yo sólo quería saludarte.
-¿Tienes cara para hablarme?
Había comenzando una típica discusión de ex pareja que terminó mal, en una típica noche de sábado, en una típica disco gay.
-Mira Nico, yo ahora estoy pololeando y estoy bien. Y sé que hice mal. Por eso me gustaría conversar contigo para arre...
-Si ya no quise hablar antes, no lo voy a hacer ahora. Así que déjame solo por favor, mira que yo...
Nicolás dejó de hablar, pues vio a lo lejos algo que le llamó la atención.
Sonrió y miró fijamente a Fernando.
-¿Sabes qué? De verdad, deberías dejarme solo. Y en vez de preocuparte por mí, deberías preocuparte más por ése con el que andas ahora.
Feña volteó, al ver el gesto de Nicolás que le indicaba que lo hiciera.
En la pista, su nuevo pololo bailaba alegremente con otro hombre. Y antes de que Fernando dijera o hiciera algo, vio como ambos sonrieron y se besaron.
Sí, hay muchas teorías que la gente tiene sobre el karma.
La más común, y la que la mayoría cree, dice que en esta vida pagamos, sin saber, lo que hicimos en vidas anteriores. Otra, dice que puede sucedernos algo tres veces peor de lo que pudimos haber hecho en vida. Y otra más, un tanto exagerada, dice que es en el presente cuando todo queda arreglado, pero que no todos viven para contarlo.
Nicolás no creía en el karma.
Pero, al ver la cara de Fernando mientras éste observaba como era víctima de sus propios actos, pensó que quizás habría algo de cierto en ello.
Alegre, se giró para tomar el trago que ya estaba servido y así seguir disfrutando la noche, ignorando el hecho de que todo lo que hacemos en el pasado, tarde o temprano, se nos devuelve. Y la mayoría de las veces, si no siempre, nos pilla de sorpresa.
Nicolás se retiraba de la barra, tomando un sorbo de su vodka naranja, cuando sintió que otra vez le tocaban el hombro.
-¡Te dije que no quiero hablar!
Volteó tan rápido que su trago casi se derrama.
Pero eso no importó cuando vodka, naranja, granadina, hielo y vaso, fueron a dar al suelo al ser soltados debido a la impresión de ver a quien quería hablar con él.
-Pedro...
Fin Volumen 02
Capítulo 30: Ayuda III
miércoles, julio 20, 2011 |
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Volumen 02: Karma
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