Capítulo 01: Profesión

El pasado es algo que está intrínsecamente atado a nosotros.

Cada día, vamos dejando en él nuestro tiempo. Y todo el mundo sabe que no podemos cambiarlo ni recuperarlo.

En su existencia, encontramos muchas veces el por qué de lo que sucede en nuestro presente.

Y sabemos que sin pasado, no podemos avanzar ni construir nuestro futuro.

Sin embargo, existen personas que no pueden estar sin añorar aquellos momentos que ya se fueron y que se esmeran en repetirlos. Quieren vivirlos nuevamente cuando, en realidad, lo único que repiten son los errores que cometieron.

-Pero Antonio, yo te amo...

Ana era una de esas personas.

Antonio giró sobre su eje. Le dio la espalda a Ana y comenzó a observar el paisaje por el ventanal. Sintió los cálidos rayos del sol acariciar su rostro y luego de hacer una pausa de sólo segundos, suspiró, volteó otra vez hacia ella y la habló, mirándola fijamente a los ojos.

-¿Y tú qué sabes del amor si nunca te han roto el corazón? Si no has sentido dentro de tu pecho esa fuerte explosión que deja un vacío que se apodera de tu interior, mientras crees que ya no puedes respirar, convirtiendo tu corazón en mil, qué digo mil, ¡millones de pedazos! Y no conforme con eso, sientes que éste se escapa de ti como si fuera polvo. Un polvo de estrellas o un polvo de diamantes que te hiere y te quema, dejándote sólo con un dolor indescriptible, que de seguro jamás habías experimentado. Vuelve acá cuando eso te pase y ahí sabré que me entiendes. Ahí sabré que eres un ser humano y que quizás, en una ínfima parte de ti, puedas saber cómo me siento. Y cuando lo sepas, quizás pueda creer que lo que dices es cierto.

Antonio terminó de hablar y esperó a que Ana dijera algo. Esperó. Esperó. Y esperó. Sin embargo, ella se quedó callada.

Sus ojos estaban llorosos y a duras penas podía contenerse. Sus labios estaban apretados. Su cara se deformaba. Y entonces no aguantó más.

-Jajajajajajajajajajajajajajajajajaja. ¡Lo siento, lo siento! Es que no puedo.

Antonio dio media vuelta. También estaba rojo, riendo a carcajadas.

-¡Corten!- Gritó el director con un poco de molestia.

-Jajaja. Sorry, tampoco puedo. ¿Pero a quién se le ocurren estos guiones? De verdad que lo siento.- Antonio se acercó a conversar con su jefe.

-Sin reclamos. Revisaremos los diálogos la próxima semana. ¡Pero estúdialos!

-Pero si yo lo hago. Prometo que los diré mejor cuando regrese.

-¿Regrese?

-Sí. Hoy viajo al norte.

-¿Vas a ver a tus papás?

Antonio se quedó un momento serio y callado. Tal como hiciera antes, se giró, suspiró profundamente y con un dejo de tristeza, habló mirando la nada.

-No. No es nada familiar...

-Ah bueno. De todas maneras, que te vaya bien.

-Gracias. Eso espero.- Antonio respondió, saliendo de la habitación.

En realidad, no se llamaba Antonio. Ése era nombre del personaje que interpretaba en una telenovela nacional. Él era actor, título que obtuvo cuando dejó la tierra donde tenía una familia a la que no veía regularmente y donde vivía alguien que, aquella noche luego del viaje, y tras un sorpresivo encuentro en una disco, balbuceaba su verdadero nombre.

-Pedro...

Continuará...