Capítulo 04: Carga

-¿Mamá?

-¡Hijo!

La señora Gladys salió por la puerta que conectaba el almacén con su casa y fue corriendo a abrazar a Ricardo.

-No pensé que te vería hoy.

-Pero si siempre vengo.

-No siempre. Cada vez pasas más tiempo en la pensión, que ya me acostumbré a que algunos fines de semana ni te apareces por acá.

-Si quieres me voy.

-No, no. ¡Cómo se te ocurre! ¿Comiste ya? Puedo hacerte algo.

-Sí, ya comí antes de venir. Pero nunca está de más almorzar algo preparado por ti. Te acompaño en la cocina por mientras.

Ricardo había viajado de improviso ese sábado a ver a su madre. Se le ocurrió hacerlo al ver a Diego armar su bolso e irse a casa en la mañana. Al menos, él vivía más cerca y podían pasar más tiempo juntos, que su amigo con la suya.

Sabía que viendo a su mamá y conversando con ella, se le olvidaría, aunque fuera por un momento, el pequeño malentendido que había tenido con Francisca.

-¿Cómo te ha ido en clases?

-Bien, bien. Pero como sólo ha pasado un mes de este semestre, todavía no tengo notas.

-Ojalá sean mejores que las del anterior.

-Pero mamá, si eran buenas. Pasé todos los ramos.

-Pero tú sabes que siempre espero más de ti.

-Lo sé. Así como sé que te gusta hacerme rabiar.

-Eso es porque te quiero.

-Oye, y las cosas por acá, ¿cómo han estado?

-Igual que siempre. Mucho trabajo en la casa. Otro poco con el almacén. No tengo mucho tiempo para mí. Tú sabes que a veces me haces falta.

-¡Claro, como yo no soy de mucha ayuda!- En otro lado, alguien gritó.

Gladys y Ricardo dejaron de hablar y se miraron un momento. En sus ojos se notaba una mezcla entre complicidad, sorpresa y molestia.

Luego, caminaron al living de la casa, desde donde provino el grito.

-Hola Javier, ¿cómo estás?- Lo saludó Ricardo.

-¿No te aburres de preguntar siempre lo mismo?- Contestó Javier.

-¿Y tú no te aburres de andar siempre de malas?

-No, hermanito. Mientras esté así, no me voy aburrir de andar de malas.

Javier no dijo nada más, giró su silla de ruedas y se retiró del lugar.

-No me gusta verlo comportarse de esa manera.

-Mamá, llevas años diciendo lo mismo. Ya es hora de irse acostumbrando, ¿no?

-No creo que lo haga. Me duele verlo así. Pero no lo digo por la silla. Es más que nada por su ánimo.

-Bueno, en cierto modo, él se lo buscó.

-No, hijo. No creo que nadie busque el sentirse una carga para los demás.

Continuará...